{"id":228,"date":"2014-07-15T13:58:35","date_gmt":"2014-07-15T13:58:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.relatosxxx.net\/?p=228"},"modified":"2014-07-15T13:58:35","modified_gmt":"2014-07-15T13:58:35","slug":"elena-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.relatosxxx.net\/elena-2\/","title":{"rendered":"Elena"},"content":{"rendered":"<p>Si algo le desagradaba profundamente a Elena era salir corriendo de su casa con la sensaci\u00f3n de que llegaba tarde, de que ser\u00eda impuntual y eso afectar\u00eda a su imagen de mujer responsable y exacta. Bueno, ese d\u00eda la llamaron a \u00faltima hora desde su oficina avis\u00e1ndole que ten\u00eda que ir en escasos 15 minutos, que la esperaban en el sal\u00f3n de reuniones, que era indispensable su presencia all\u00ed. Les avis\u00f3 que ir\u00eda, pero que sino llegaba en esos 15 o 20 minutos en que la esperaban, se dieran cuenta de que era nada m\u00e1s y nada menos que problemas de tr\u00e1nsito, despu\u00e9s de todo, deber\u00eda tomar la autopista y a estas horas no estaba precisamente despejada. Se coloc\u00f3 el abrigo, fue hasta la cochera y cuando quiso arrancar su camioneta vio que estaba sin bateria! Eso no pod\u00eda estar sucedi\u00e9ndole a ella, no justamente ahora!!!. Rendida ante la evidencia de que realmente no arrancar\u00eda, sali\u00f3 disparada del garage y se dirigi\u00f3 al medio de la calle a esperar un taxi. Mientras lo esperaba pensaba en que le saldr\u00eda una fortuna ese viaje en taxi, pero despu\u00e9s de todo, si desde la oficina la quer\u00edan enseguida, pues ser\u00edan ellos quienes se har\u00edan cargo de los gastos de traslado, as\u00ed que por ese lado se relaj\u00f3 y cuando volvi\u00f3 a la realidad de la calle, vio venir un taxi libre. Le hizo se\u00f1as de que se detuviera y subi\u00f3. Mientras cerraba la puerta le dio las instrucciones al taxista de la direcci\u00f3n a donde deber\u00eda llevarla y reci\u00e9n cuando se acomod\u00f3 en el asiento, mir\u00f3 al conductor por el espejito delantero. La verdad es que si ella hubiera visto esa cara antes, no sub\u00eda.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El hombre que manejaba era morocho, morocho, morocho. Ojos rasgad\u00edsimos de color negro profundo, piel color chocolate, cejas arqueadas que le daban un aire diab\u00f3lico que daba miedo, labios grues\u00edsimos y el taxi entero ol\u00eda a hombre, casi se podia decir que a macho, a trabajador, mezclado con un leve aroma a cigarrillo y ese perfume que tanto le agradaba a ella que era el Carolina Herrera de hombre. Lo que Elena no alcanz\u00f3 a determinar al principio, era si ese perfume proven\u00eda del taxista o si lo hab\u00eda dejado un pasajero que hab\u00eda subido antes. Sea cual fuere la historia, ese peque\u00f1o ambiente era una mezcla de aromas incre\u00edbles y si algo erotizaba a Elena era justamente eso: Aroma varonil, su perfume preferido y tabaco. Tratando de alejar esa se\u00f1al de alerta que emit\u00eda su cerebro, se concentr\u00f3 en darle correctamente la direcci\u00f3n al chofer y tratar de no ponerse nerviosa con la cantidad de coches que iban delante de ellos. La marcha era lenta, lent\u00edsima y eso exasperaba terriblemente a Elena as\u00ed que le pregunt\u00f3 al chofer si pod\u00eda fumar un cigarrillo y cuando estaba por encenderlo, el mismo se estir\u00f3 hacia atr\u00e1s y le alcanz\u00f3 fuego. Ese peque\u00f1o gesto le encant\u00f3 a Elena quien acept\u00f3 gustosa y encerr\u00f3 entre sus manos las del taxista que sosten\u00edan el encendedor. Aspir\u00f3 el cigarrillo para encenderlo y mientras la lumbre consum\u00eda la primera porci\u00f3n de tabaco y papel, los ojos de ambos se cruzaron por encima de la llama y ese leve contacto de las pieles, encendi\u00f3 la de Elena r\u00e1pidamente. Se soltaron en dos segundos y siguieron la marcha.<\/p>\n<p>Elena fumaba y miraba impaciente por la ventanilla, se mov\u00eda inquieta en el asiento, tamborileaba los dedos contra su falda, pero el tiempo avanzaba y el taxi no, la fila de coches era incre\u00edble, ni siquiera hab\u00edan hecho dos cuadras y hac\u00eda como diez minutos que estaba sentada en aquel coche. Tom\u00f3 su celular, llam\u00f3 a la oficina, explic\u00f3 lo que suced\u00eda y cort\u00f3. No pod\u00eda volverse a su casa ni tampoco ir caminando as\u00ed que se resign\u00f3 a la espera. Ahora que hab\u00eda llamado a la oficina y hab\u00eda avisado lo que pasaba, estaba algo m\u00e1s tranquila (aunque no menos fastidiada por la tardanza y el contratiempo), pero sin embargo alguna molestia le quedaba y no fue sino hasta que mir\u00f3 el espejo del taxi que comprendi\u00f3 de que se trataba. La mirada del chofer no la abandonaba. Esos ojos negros rasgados, los mismos que se hab\u00edan cruzado con los suyos por encima de la llama del encendedor no dejaban de examinarla. Se chocaron las pupilas de los dos y ella, pudorosamente, mir\u00f3 para otro lado hasta que se asegur\u00f3 de que el no la miraba m\u00e1s. En ese instante lo recorri\u00f3 ella. El color de su piel le encantaba, el cabello renegrido se hac\u00eda m\u00e1s largo sobre la nuca, ten\u00eda un cuello fuerte, tenso y a pesar de la camisa que llevaba, se adivinaba un pecho amplio, fuerte, musculoso. Lo que m\u00e1s le gustaba a Elena de lo que ve\u00eda, era ese aire animal que se escapaba por cada poro de esa piel masculina. Estaba tan metida en esa radiograf\u00eda que no se dio cuenta de que sonaba el celular hasta que el mismo chofer se lo avis\u00f3. Era su madre, que quer\u00eda saber donde estaba. Habl\u00f3 solo unas palabras con ella y cort\u00f3. Reci\u00e9n despu\u00e9s de cortar la llamada agradeci\u00f3 el aviso y cay\u00f3 en cuenta de la voz profunda y ronca que se lo hab\u00eda dicho y le sum\u00f3 otro punto m\u00e1s a ese hombre que, definitivamente, le gustaba. Que pena que estuviera tan apurada!!!! realmente era para hacer un viaje largu\u00edsimo, aunque m\u00e1s no sea para disfrutar un poco m\u00e1s de semejante obra de la naturaleza. Llegaron a destino a los 25 minutos y cuando Elena estaba pag\u00e1ndole el viaje, el hombre le extendi\u00f3 una tarjeta con el nombre de la empresa de taxis y el n\u00famero de interno, por cualquier otro viaje que necesitara hacer. Bien, esa oportunidad seguramente no se desperdiciar\u00eda, pens\u00f3 Elena para sus adentros. Baj\u00f3 rapidamente del coche, entr\u00f3 al edificio, tom\u00f3 el ascensor y se dirigi\u00f3 corriendo a la sala de reuniones. Permanecio all\u00ed dentro, por espacio de unas cuatro horas m\u00e1s o menos y de tanto en tanto, la imagen de quien manejaba esa taxi se le cruzaba por la mente. Realmente ese hombre la hab\u00eda impactado, ten\u00eda un aire salvaje y sensual muy particular, esos ojos negros rasgados&#8230; En fin, le parec\u00eda muy atractivo y seguramente llamar\u00eda en alg\u00fan momento a la empresa para que ese mismo interno la llevara a algun otro lugar. Al termino de la reuni\u00f3n un compa\u00f1ero se ofreci\u00f3 a llevarla a su casa y cuando sal\u00edan del edificio, para su sorpresa, se encontr\u00f3 con el mismo taxi que la hab\u00eda llevado hasta all\u00ed, estacionado, esperando. Quien manejaba, al verla, sali\u00f3 del auto y se le acerc\u00f3. Recien ah\u00ed, Elena pudo ver la dimensi\u00f3n de ese f\u00edsico, la altura de ese hombre, la amplitud de ese pecho y no pudo evitar sentir una excitaci\u00f3n especial\u00edsima y un atisbo de deseo infernal. El motivo de que estuviera alli, esper\u00e1ndola, era que ella sin darse cuenta, hab\u00eda olvidado su celular dentro del coche y el chofer decidi\u00f3 esperar a que saliera para entreg\u00e1rselo. Al margen, se ofreci\u00f3 a llevarla nuevamente a su casa y le pareci\u00f3 un gesto de descortes\u00eda rechazarlo. Ofreci\u00f3 sus excusas a su compa\u00f1ero de oficina y se subi\u00f3 al taxi.<\/p>\n<p>El camino de vuelta era m\u00e1s distendido porque nadie los apuraba, pero Elena segu\u00eda sintiendo algo de inquietud al ver como la miraba el chofer por el espejo retrovisor. Era una ilusi\u00f3n \u00f3ptica de ella o el la miraba con deseo?? Sincer\u00e1ndose consigo misma, Elena pens\u00f3 que una de sus fantas\u00edas siempre hab\u00eda sido hacer el amor dentro de un taxi, con quien lo manejara, siendo un perfecto desconocido y la inquiet\u00f3 aun m\u00e1s pensar que pod\u00eda llegar a hacerlo en ese mismo instante. \u00bfY s\u00ed lo seduc\u00eda? \u00bfY s\u00ed lo provocaba? \u00bfResponder\u00eda?&#8230; Ser\u00eda cuesti\u00f3n de probar. Entabl\u00f3 una charla pasajera con el, le agradeci\u00f3 profundamente el detalle de esperarla y devolverle el tel\u00e9fono y le habl\u00f3 en un tono de voz intim\u00edsta, mir\u00e1ndolo fijamente por el espejo, cruzando y descruzando sus piernas, quit\u00e1ndose el abrigo, dejando ver su figura enfundada en esa blusa blanca de seda, cuyos dos primeros botones delanteros estaban sugestivamente abiertos. El taxi avanzaba lentamente por la avenida, aunque el tr\u00e1fico no era tan importante como el de la tarde, nada parec\u00eda indicar que alguno de los dos tuviera prisa por llegar a destino. Decidi\u00f3 tomar la iniciativa y comenz\u00f3 a acariciarse el cuello muy despacio, dejando deslizar sus dedos hasta el nacimiento de sus pechos y volviendo a subir, sin dejar de mirarlo por el espejo. Vio como respond\u00edan los ojos del chofer, como segu\u00eda el movimiento de las manos femeninas a trav\u00e9s del espejo y sin m\u00e1s ni m\u00e1s, estir\u00f3 su mano derecha hacia atr\u00e1s encontrando una de las rodillas de Elena y comenzando a acariciarla lentamente, sin prisa, sintiendo la tibieza y la suavidad de la carne por encima de las medias de seda. Con la mano izquierda manejaba, con la derecha acariciaba y el cuerpo de Elena estaba comenzando a responder, sent\u00eda la dureza de la mano de aquel hombre rozando su piel y se le aceler\u00f3 la sangre, le gustaba ese contacto casi primitivo, le encantaba que el hubiera respondido a su provocaci\u00f3n. Elena lo ayud\u00f3 abriendo sensualmente sus piernas, dejando un espacio para que esos dedos siguieran m\u00e1s arriba de la rodilla y segu\u00eda manteni\u00e9ndole la mirada, firme, sensual, viendo como brillaban ante cada avance de la mano masculina y sabiendo que a ese hombre le agradaba lo que iba encontrando en el camino y que ir\u00eda por m\u00e1s, que no se quedar\u00eda quieto entre sus muslos, que avanzar\u00eda hasta que tuvieran que detener el coche para poder disfrutar aun m\u00e1s de aquellas caricias. Cuando la mano lleg\u00f3 hasta el portaligas lo borde\u00f3 con uno de sus dedos, lo acarici\u00f3 torpe, pero sensualmente, meti\u00f3 uno de los dedos entre la seda y la carne y apret\u00f3, apret\u00f3 el muslo sintiendo la turgencia de la carne, la tibieza de la piel femenina y el estremecimiento de Elena ante aquel toque animal. Se estaba complicando el manejo, el taxi avanzaba cada vez m\u00e1s lento, conforme aumentaba la intensidad de las caricias, pero no pod\u00eda detenerse, ese hombre quer\u00eda seguir explorando y la mujer quer\u00eda seguir siendo explorada. Elena se hab\u00eda deslizado de su asiento hacia adelante, dejando las piernas lo m\u00e1s estiradas posible como para que las manos masculinas tuvieran menos trabajo en llegar a donde desearan. En el mismo instante en que los dedos rozaron el borde de la ropa \u00edntima de Elena y quisieron seguir m\u00e1s alla, el taxi gir\u00f3 hacia la derecha y a toda carrera encar\u00f3 hacia lo que Elena vio era un callejon oscuro, descampado, apartado de las luces y el ruido de la ciudad.<\/p>\n<p>En menos de dos minutos, el coche se hab\u00eda estacionado y aquel hombre sensual y salvaje estaba sentado al lado de Elena, en el asiento de atr\u00e1s, tom\u00e1ndola de los cabellos y bes\u00e1ndola con furia, mientras sus manos, ambas, enteras, callosas, la recorr\u00edan con furia a lo largo de todo su cuerpo. Ahora si pod\u00edan acariciar la entrepierna de Elena con comodidad, ahora si sus dedos la tocaban por encima de su ropa interior, la pellizcaban , la apretaban, mientras ella hacia lo propio ejerciendo una leve presi\u00f3n sobre la entrepierna masculina, que emanaba calor por encima del jean y parec\u00eda pedir libertad a gritos. Sin pedir permiso y de un solo tir\u00f3n, Elena sinti\u00f3 como el taxista desgarraba su prenda \u00edntima, la hac\u00eda girones y dejaba su carne a merced de los dedos inquietos, que no tardaron en abrir los labios vaginales y comenzar el camino interno del placer. Hurgaron sin piedad, se mojaron con las humedades de Elena, mientras que la boca de aquel hombre se encargaba de sus pechos, de morderlos por encima de la blusa blanca, de endurecer aun m\u00e1s los pezones. Las manos de ella se hund\u00edan en el pelo masculino y cuando dese\u00f3 desde lo m\u00e1s profundo de su alma, sentir el roce de los labios sobre sus pezones sinti\u00f3 que las manos sub\u00edan, romp\u00edan la tela de la blusa y los dejaban a merced de esa boca que, ante el primer contacto con sus pechos, la sinti\u00f3 m\u00e1s salvaje aun que los dedos. Esa lengua enloqueci\u00f3 a Elena, iba de un pecho al otro, cuando la abr\u00eda por completo llegaba a absorber completo sus pezones, los lam\u00eda de lado a lado, hac\u00eda que ella fuera una sola llama, que necesitara que la mordiera y le diera mezcla de dolor y placer. Le ped\u00eda en susurros que la mordiera, que le masajeara ambos pechos, necesitaba sentir como esa lengua se arrastraba por sus senos, como los dejaba ardiendo, como succionaba, ver como sus pezones se enterraban en el paladar del taxista, mientras sent\u00eda unos leves gru\u00f1idos de gusto que sal\u00edan de aquella boca enloquecedora. Cuando sus pechos hab\u00edan sido comidos por completo, las manos volvieron a la entrepierna femenina y cuando ella sinti\u00f3 nuevamente como esos dedos la acariciaban por dentro, comenz\u00f3 a sacar la camisa que cubr\u00eda la espalda del var\u00f3n, la quit\u00f3 por sobre esa cabeza renegrida que la excitaba tanto y dej\u00f3 deslizar sus u\u00f1as por la carne, ara\u00f1ando sensualmente la extensi\u00f3n de piel que desped\u00eda ese olor que tanto hab\u00eda excitado a Elena cuando subi\u00f3 al taxi unas horas atr\u00e1s. Una vez que los dedos hurgaron cuanto pudieron, aquel hombre sensacionalmente salvaje abandon\u00f3 con su boca los senos de Elena y llegaron a su vagina, cort\u00e1ndole el aliento al apoyar la lengua sobre los labios vaginales. Elena estaba apoyada contra la ventanilla izquierda, su espalda recostada contra la puerta, sus caderas apoyadas en el asiento, sus piernas elevadas al cielo, con las rodillas flexionadas en el aire, dej\u00e1ndole el angulo perfecto a la boca masculina para que se hiciera cargo de ella, para que trabajara toda su pasi\u00f3n all\u00ed, para que no dejara lugar sin probar, sin comer, sin lamer, sin degustar. Ahora las manos de ella enterraron esa cabeza dentro de sus muslos, pidi\u00f3 la lengua dentro, le exigi\u00f3 que la lamiera, que la chupara por completo, necesitaba sentir como la lengua del taxista la penetraba, recog\u00eda sus l\u00edquidos y los esparc\u00eda por todos lados, necesitaba saber que a el le gustaba su sabor, que se relam\u00eda, que su flujo se quedaba adherido al paladar masculino, que sus labios quedar\u00edan impregnados por su sabor. Y el la complac\u00eda, succionaba, chupaba, la com\u00eda deliciosa y brutalmente, elevaba las caderas de ella para arrastrar el flujo que manaba copiosamente desde la vagina hasta el agujero peque\u00f1o de su trasero, marcaba a fuego el camino, hac\u00eda girar all\u00ed, en ese peque\u00f1o borde, la lengua y cuando sent\u00eda que se dilataba, colocaba la punta de la lengua, amagando una penetraci\u00f3n, d\u00e1ndole solo un inicio de placer incontrolable. Los m\u00fasculos de Elena se dilataban para recibirla y se contra\u00edan para retenerla solo instantes, el vientre femenino era fuego puro, estaba abierta y expuesta a aquella boca y siempre ped\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s. Los dedos del var\u00f3n segu\u00edan a la boca, iban de la vagina al ano, intermitentemente, acariciando, bordeando, excitando, penetrando. No tard\u00f3 Elena en alcanzar un orgasmo maravilloso y decidi\u00f3 que quer\u00eda satisfacer su propia boca y devolverle algo de ese placer infinito a quien se lo hab\u00eda dado. Se incorpor\u00f3 como pudo (el espacio era algo reducido, pero eso lo hac\u00eda m\u00e1s excitante aun) y ahora quien permanec\u00eda apoyado en la puerta opuesta era el taxista, quien dej\u00f3 su entrepierna a cargo de esa hembra tremenda que el destino le hab\u00eda puesto en el camino de su taxi. Con la fuerza que le daba la pasi\u00f3n, Elena liber\u00f3 la prisi\u00f3n de los jeans y tom\u00f3 el pene del hombre entre sus manos y despu\u00e9s de admirarlo por su dimension y su color maravillosamente rosado, lo acarici\u00f3 lentamente, coloc\u00f3 su boca alrededor de su punta y dej\u00f3 que su lengua la lamiera, sintiera su sabor excitantemente masculino, que sintiera su tibieza, las primeras gotitas de l\u00edquido sobre ella. Abri\u00f3 la boca completa y despu\u00e9s de dos intentos, logr\u00f3 absorberla por completo, notando como el hombre se estremec\u00eda de placer, como emit\u00eda sonidos guturales en se\u00f1al de gozo, de maravilla. Es que realmente a ella le encantaba sentir ese pene dentro de su boca, le fascinaba su sabor, su tama\u00f1o, su tersura. Crec\u00eda y crec\u00eda ante cada entrada en su paladar, se entibiaba ante la fricci\u00f3n de los labios femeninos contra su piel, se convert\u00eda en lanza de fuego cada vez que ella dejaba vagar la lengua por toda su extensi\u00f3n. Apoy\u00f3 suavemente el pene erecto sobre el vientre masculino y su boca baj\u00f3 hacia los test\u00edculos, tratando de aliviar con sus labios y su lengua la tensi\u00f3n de la excitaci\u00f3n que se concentraba all\u00ed. Los lami\u00f3 despacito, los dej\u00f3 jugar entre sus labios y su paladar, los absorbi\u00f3 y los dejaba salir de su boca lentamente, como arrastr\u00e1ndolos y sintiendo las manos del hombre que empujaban la cabeza femenina m\u00e1s y m\u00e1s cerca de la ingle, aceptando t\u00e1citamente, agradeciendo tanta maravilla. Elena jug\u00f3 con el pene, acarici\u00f3 sus pezones con su punta, lo coloc\u00f3 entre ambos senos y dej\u00f3 que las caderas del var\u00f3n hicieran el juego de penetraci\u00f3n, que el pene friccionara la piel de los senos, mientras ella inclinaba su boca para poder lamerla mientras sub\u00eda y bajaba, dejando que entrara solo la punta en su boca mientras el movimiento continuaba y los espasmos masculinos se suced\u00edan uno tras otro. Pero ella no quer\u00eda el orgasmo definitivo de \u00e9l ahora, quer\u00eda que fuera uno solo y completo, as\u00ed que lo abandon\u00f3 cuando el estallido estaba pr\u00f3ximo, lo oblig\u00f3 a incorporarse, se reclin\u00f3 nuevamente contra su lado y dirigi\u00f3 con sus manos el pene hasta la entrada de su vagina. Sin demoras la penetr\u00f3, como s\u00ed de un pu\u00f1al se tratara, el pene entr\u00f3 en ella de un solo movimiento, quit\u00e1ndole moment\u00e1neamente la respiraci\u00f3n, pero gozando de esa entrada a pleno. Una vez adentro, ante cada embate del pene, Elena cerraba sus m\u00fasculos vaginales para retenerlo, para que la salida costara m\u00e1s , para que la fricci\u00f3n y la fuerza fueran mayor y el placer intenso. Las manos masculinas guiaban el pene adentro de la vagina de ella, lo sacaban, rozaban el ano, excitaban cuanta carne y piel encontrara en el camino y volv\u00eda a entrar. La cantidad de l\u00edquido que ella desped\u00eda hac\u00eda f\u00e1cil cualquier intento y el taxi se hab\u00eda inundado de olor a hembra, a macho, a sexo puro. Despu\u00e9s de dos o tres embates furiosos dentro de la vagina de Elena, se dedic\u00f3 a su ano. Subi\u00f3 las caderas de ella hasta donde pudo y la penetr\u00f3, le quit\u00f3 el aire, la enloqueci\u00f3 entrando y saliendo de uno y otro agujero alternadamente, rozaba con su pene el cl\u00edtoris de ella para despu\u00e9s volver a tomarla por detr\u00e1s, mientras que sus dedos tambi\u00e9n penetraban la boca de ella, d\u00e1ndoselos empapados de flujo, para que Elena saboreara su excitaci\u00f3n, para que su boca no sufriera el abandono de su pene. En forma desenfrenada el se sent\u00f3 derecho en el asiento y como s\u00ed de un pase m\u00e1gico se tratara, tom\u00f3 a Elena de la cintura y la sent\u00f3 frente a s\u00ed, hundi\u00e9ndole su pene dentro, dejando que ella lo montara, que lo cabalgara, pudiendo mirarla de frente, dejando que las pupilas de ambos se tocaran. Un shock el\u00e9ctrico recorri\u00f3 a la mujer cuando vio la cara del taxista ba\u00f1ada en sudor, sus ojos dilatados de pasi\u00f3n, de sexo, de locura. Los senos de Elena quedaron a la altura de la boca masculina y mientras sub\u00eda y bajaba descontroladamente sobre las caderas de \u00e9l, esa boca se encargaba de chupar los pechos que se bamboleaban frente a sus ojos en un r\u00edtmico movimiento de ascenso y descenso. La espalda de Elena se arqueaba hacia atras, ofreci\u00e9ndole m\u00e1s y m\u00e1s sus pechos para que hiciera con ellos lo que deseara, dejando que se los comiera completamente. Y as\u00ed, en medio de aquella danza de pasi\u00f3n, les sobrevino un orgasmo pocas veces sentido por ambos, un orgasmo que los dej\u00f3 exhaustos, distendido \u00e9l sobre el asiento, con la cabeza de Elena sobre su pecho, tratando de controlar la respiraci\u00f3n de los dos, tratando de recuperar el aliento y saboreando el \u00e9xtasis del cansancio m\u00e1s maravilloso que los dos hayan podido experimentar. Elena hab\u00eda cumplido su fantas\u00eda&#8230; El taxista hab\u00eda ganado una pasajera vitalicia m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si algo le desagradaba profundamente a Elena era salir corriendo de su casa con la sensaci\u00f3n de que llegaba tarde, de que ser\u00eda impuntual y eso afectar\u00eda a su imagen de mujer responsable y exacta. 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