LOCO POR MI HERMANITA

CAPITULO I

Cuando yo contaba con 16 años, como todo chico a esa edad, empezaba a sentir intensamente irrefrenables deseos carnales por el sexo femenino, ya que todas las mujeres me parecían deseables, las jóvenes por ser jóvenes y las más mayores por tener ese atractivo de la experiencia. Me hacía pajas continuamente, pensando en todas las chicas que pasaban por mi mente: mi vecina, mis compañeras del instituto, alguna amiga de mi hermana, las estrellas de la televisión, en fin que estaba bastante salido.

El caso es que por entonces despertó en mi una gran atracción por mi hermana Noelia, que tenía 19 años y estaba buenísima (y sigue estándolo). Todos mis amigos me lo decían, que tenía una hermana que no me la merecía de lo buena que estaba, que tenía un polvo, que tenía un cuerpo de locura, etc… El caso es que, quizá alentado por ellos, me fijé en ella, más como mujer que como hermana y poco a poco me di cuenta de lo que tenía en casa.

Noelia es alta, más que yo, con el pelo castaño, largo, casi hasta media espalda, sus ojos son muy bonitos, color caramelo, sus labios grandes, muy sensuales y con un color sonrosadito que los hace muy deseables, tiene una cara preciosa, sus tetas redondas, duras y muy bien puestas , su culo impresionante, de esos culitos que siempre deseas acariciar y chupar como si de un pastel se tratase, sus piernas preciosas, largas, muy morenitas y con unos muslos divinos. En fin, era y es un bombón. Quiza penseis que exagero, pero no es así, pues muchísima gente lo dice y es de esas chicas que hace volver la vista en la calle a todos los tios para mirarla, esta como un tren, en serio.

A sus 19 años estaba más que apetecible y gracias a su belleza podía permitirse el lujo de cambiar de novio casi cada semana. Además ella sabía como estar aun más hermosa, vistiendo con ropas ajustadas, vestidos cortos y ceñidos y haciendo esos movimientos que a mí me volvían loco.

Hasta entonces solo habíamos compartido nuestros juegos infantiles como hermanos, pero despues no podía evitar sentirme muy atraído sexualmente por ella.

Yo ya había empezado a observar más a Noelia, pero la primera vez que saltó la chispa en mi y desee a mi hermana como mujer, en un instinto animal incontrolable, fue una mañana de verano, en uno de esos días que yo me levantaba con una calentura matinal propia de un adolescente. Nada más saltar de la cama, pasé por la cocina y estaba Noelia, preparandose el desayuno. Llevaba un camisón muy cortito y justo cuando yo pasaba por la puerta la encontré agachada frente a la nevera buscando algo, la vista de sus largas y morenas piernas junto a su postura enseñando sus braguitas metidas por su precioso culo, me pusieron como un toro, pues se me puso dura como una piedra. Por un momento sentí el instinto de meterle mano, pero no lo he hice, claro. Espiando, escondido tras la puerta, observé todos sus movimientos, consiguiendo que tuviera una erección mayor de lo habitual. Por primera vez me hice una paja monumental en el baño pensando en mi hermana, sintiendo un gusto mayor que otras veces, hasta que los chorros de semen llegaron a salpicar mi cara.

Así, poco a poco, cada día que pasaba la deseaba más y más, y me atormentaba con la idea de acariciarla, besarla y metérsela hasta el fondo. Por un lado yo pensaba que aquello no estaba bien, pero mi polla no pensaba lo mismo.

Otro día Noelia me había vuelto a poner como una moto, se había comprado unos pantalones muy ajustados color crema y cuando yo estaba en mi cuarto tumbado en la cama oyendo música, entró de repente con esos pantalones que le sentaban de miedo. Se colocó muy cerca de mi y dandose un giro me preguntó:

– «¿Qué? , ¿como me quedan?»

Sus sensuales movimientos conseguieron una nueva erección de mi polla. Contesté un poco atontado observando sus muslos apretados bajo esa ceñida prenda y como su culo se mostraba más redondo y respingón:

– «te sientan muy bien»
– «¿No me marcan mucho aqui?»

Me hizo esa pregunta inocentemente señalando su sexo. Bueno, yo creía que iba a reventar, mientras mi pene palpitaba de excitación. Su chochito se marcaba precioso, algo abultado y la tela se metía un poco en su rajita, lo que unido al color del pantalón color carne, parecía estar desnuda de cintura para abajo. Intenté contestar con naturalidad:

– «No, la verdad es que te queda muy bien, en serio»

Luego salió de mi cuarto meneando las caderas con movimientos enloquecedores, se volvio hacia mi al llegar a la puerta y me sonrió con malicia. Estaba seguro que había notado mi erección y ella sabía que me ponía cachondo, que me tenía loco y me provocaba aún más sabiéndolo. Nada más cerrar la puerta, me saqué mi aprisionada polla y me masturbé otra vez con ganas y es que no me la quitaba de la cabeza.

Otras veces la espiaba cuando estaba en su cuarto en braguitas y sujetador o cuando se depilaba las piernas o cuando estaba dormida en la cama tapada solo con un corto camisoncito, cada día que pasaba me gustaba más y más.

Una vez, estaba yo jugando con el ordenador que tenía Noelia en su cuarto, cuando de pronto, entró ella tapada con una toalla recién salida de la ducha. Estaba preciosa con su carita brillante, sus lindos ojos, su pelo mojadito y su cuerpo tapado con una blanca toalla. Se secaba el pelo con otra toalla y me preguntaba:

– «¿que haces?».

Yo disimulé y le dije que estaba haciendo un trabajo para clase.

– «Me quería vestir…»
– «Pero es que tengo que acabar esto…»

Lo cierto es que no tenía que acabar nada, pero disimulé, con la intención de que si tenía la oportunidad de ver como se vestía o mejor dicho se desvestía, esa podía ser una buena oportunidad. Quiza mi jugada saliera mal y fuera a cambiarse al baño. Pero afortunadamente no fue así.

-«Bueno si me prometes no darte la vuelta, te dejo seguir con tu tarea»

Yo creía estar en el cielo, pues colocando la pantalla del ordenador estrategicamente podía verla como se vestía perfectamente, reflejada en el monitor. No es que la visión fuera perfecta, pero me conformé. Como un niño bueno le contesté:

-«Vale, te prometo que no me daré la vuelta»

A continuación de espaldas a mi dejó caer la toalla al suelo, pudiendo mostrarme en el reflejo del ordenador su expléndida figura completamente desnuda, su espalda mojada, su redondo culo y sus piernas… Yo estaba armado de nuevo y pensando en la paja que me iba a cascar despues. Luego, despues de secarse todo el cuerpo, pude ver como se colocaba de perfil, en una imagen aún más maravillosa de su silueta, con sus lindas tetas, su vientre liso, sus muslos… Empezó a darse una crema por todo el cuerpo, supongo que body milk o algo así. Que alucine, ver como se esparcía la crema por sus tetas mientras estas se apretujaban en sus manos, como luego se echaba ese mejunje por los muslos, por los brazos, por la cintura… Yo babeaba.

Despues se giró otro poco y entoces pude contemplarla de frente, su cara, sus tetas, su ombligo, sus piernas y por supuesto su coñito bien recortado. Tuve que oscurecer la imagen del monitor para observarla mejor y yo pensaba que me moría y mi polla no aguantaba más en su prisión. Puso una pierna sobre la cama y empezó como a palparse en su entrepierna, supongo que mirandose el vello de su pubis, por si estaba bien depilado, y ya lo creo que lo estaba. Siguió así tocandose las ingles y sus pelitos, yo no sabía si estaba excitada, pero me lo parecía, quiza porque yo estuviera allí, o quiza supiera que yo la estaba observando reflejada en la pantalla y estaba ofreciendome un bonito show, el caso que no parecía importarle que yo estuviera allí, aunque de espaldas a ella. Después cogió unas braguitas blancas de su cajón se las ajustó en sus preciosas caderas y a continuación se puso un sosten blanco también.

– «Ya estoy visible»

Me di la vuelta y aun estaba en ropa interior, me quedé mirándola embobado y ella lo notó y sonrio de nuevo con malicia, luego se puso unos jeans y una camiseta, se secó el pelo con el secador de mano, se acercó a mi por la espalda y me dió un beso en la mejilla, impregnándome con su olor a hembra.

– «Hasta luego hermanito»

Salió del cuarto con un gracioso meneo de caderas. Yo me levanté, bastante empalmado y cogí la toalla con la que habia estado secándose y que aun estaba tirada en el suelo, me la acerqué a la cara y estuve oliéndola, desprendía un aroma riquísimo y allí mismo me masturbé, corriendome encima de la toalla.

La noche de San Juan de aquel año fui invitado por Noelia a una hoguera que hacían sus amigos en el jardin de su casa. Ella estaba guapísima con una minifalda blanca, un top verde con el ombligito al aire y unos zapatos de tacón. Normalmente no salía con ella ni con sus amigos, pero ese día no dudé en acompañarla con su pandilla, que por cierto los chicos estaban loquitos por ella. Mi hermana tenía unas amigas que estaban muy bien, pero no tanto como ella, sin duda era la que estaba más buena de todas. Encendimos la hoguera, bebimos unas litronas y con un cassette pusimos algo de música, estuvimos bailando, riendo y bebiendo toda la noche. En uno de los bailes lentos yo me quedé sentado en una tumbona mientras casi todos los demás estaban emparejados. Noelia estaba bailando con Juan Luis, uno de sus amigos, muy apretujados y sus manos se deslizaban por la espalda y la cintura de ella, llegando incluso a rozar su culito. Yo estaba algo celoso, pues deseaba estar en el papel de su compañero. De pronto mi sueño se cumplió y mi hermana se dirigió a mi invitándome a bailar:

– «Vamos, baila conmigo Raul»
– «Pero si no sé…»
– «Bueno, no importa, yo te enseño».

Me agarró por una mano y me sacó a bailar. Nuestro cuerpos chocaron y yo creía estar en la gloria.

– «Vamos abrazame por la cintura»

Al tiempo que me ayudaba a estrechar su cintura, ella colocaba sus manos en mis hombros. Torpemente comenzé a bailar y Noelia iba corrigiendo mis movimientos. Que maravilla poder acariciar su cinturita desnuda.

– «Pégate más a mi, tonto, que no muerdo»

Nuestros dos cuerpos se juntaron aún más. Sus tetas se apretujaban en mi pecho, pues ella era algo más alta que yo, mi pene otra vez a tope se apretaba contra su tripita y ella debía notarlo, pero no parecía importarle. De pronto me preguntó:

– «¿Te pone cachondo bailar conmigo?»

Creo que me puse colorado como un tomate y contesté un «Si» casi inaudible. Ella me susurró al oido como un ronroneo:

– «¿A que es divertido?»

¿Sería que ella tambien se ponía caliente bailando conmigo? . Asi estuvimos mientras duró aquella canción que se me hizo corta. Despues sonó otra música más movida y tras unos cuantos bailes y unas cuantes copas, regresamos a casa muy tarde. Al llegar al portal ella pasó por delante mío ofreciendome sus espectaculares piernas por detras, subiendo la escalera. ¿Y si meto mi mano entre sus muslos?, pensaba para mi. No lo hice. Fuimos cada uno a nuestro cuarto a dormir y claro yo me casqué otra de mis ardientes pajas pensando en ella.

Una mañana, yo me estaba duchando tranquilamente, cuando noté que alguien había entrado en el baño. De pronto se abrió la cortina de la ducha por completo apareciendo mi hermana tan solo con un bikini diminuto de color azul celeste, tapándole a duras penas, sus hermosas tetas y cubriéndole lo justo el triangulo de su maravilloso coñito. Su piel morena se resaltaba en aquel reducido bikini .Me quede alelado observando su figura. Sin importarle que yo estuviera desnudo, hizo un giro sobre si misma y me preguntó:

– «Me he comprado este bikini, ¿te parece demasiado sexy?»

Al instante y como un resorte mi polla se había puesto más dura que nunca, en una erección incontrolable. Sus ojos se dirijieron a mi tieso pene, que yo intenté tapar bastante avergonzado. Ella se rió a carcajadas diciendo:

– «Veo que si, que es muy sexy «.

Despues salió del baño y todavía pude oir sus risas por el pasillo. Como me ponía la hija de puta, me tenía loco. Comencé a masturbarme con ganas pensando en lo guapísima que estaba con aquel bikini, cuando noté que alguien me espiaba por una abertura de la cortina de la ducha. De nuevo era ella. Abrió la cortina otra vez. ¡ Me pilló en plena faena!… Con su pícara sonrisa me preguntó:

– «¿te estas masturbando por mi?»

Por un momento no supe que contestar, creí morirme, pues de seguro que iba con el cuento a mis padres. Traté de disimular.

– «No, no, solo me estoy enjabonando»

Volvió a reirse con ganas.

– «Venga tío, que no soy tonta» .

Su espectacular cuerpo se ensalzaba aún mas con ese bikini y mi polla no había bajado absolutamente nada. Sin apartar la vista de mi polla que se encontraba atrapada entre mis manos me dijo:

– «Por mi puedes seguir…no te vas a quedar así»

Despues se marchó y pude oir como se reía otra vez. Después de haberse marchado continué masturbándome imaginándola con su bikini y como me chupaba la polla con sus carnosos labios. Me corrí salpicando los azulejos con mi semen.

Ese día, durante la comida, no dejaba de mirarme y de sonreirme con malicia, mientras mis padres no parecían percatarse. Como sabía la muy zorra que yo estaba completamente cachondo con solo mirarla. Durante toda la tarde pasaba donde yo estaba con sus insinuantes movimientos, sus maliciosas sonrisas, vistiendo con su bikini bajo una camiseta muy cortita que permitía ver su culito y sus muslos. Cuando ella se fue a la playa, me hice cuatro pajas más por su culpa.

Despues de lo del día anterior, parecía que Noelia hacía todo a propósito: sus movimientos sensuales delante mío provocándome y excitándome, con sus ajustados pantalones, luego se cambiaba y pasaba a mi cuarto con un vestidito corto con tirantes, con un hermoso escote. Despues volvia a pasar por mi habitación en ropa interior y otra vez tapada con un albornoz amarillo tras haberse duchado.

Una de esas veces cuando yo estaba en mi cuarto, ella me llamó desde el suyo:

– «Raúl, ¿puedes ayudarme?».

Cuando llegué a su habitación estaba sentada tras la cortina de su ventana, subida en el pollete pintándose las uñas de las manos de color rosa pálido. Estaba apoyada en la pared con sus piernas dobladas y tapada con su cortito albornoz amarillo. La luz que entraba por la ventana la iluminaba como una piedra preciosa, estaba resplandeciente, ¿como podía tener una hermana tan guapa y que estuviera tan buena?. No sabía si era un regalo divino o si al contrario era un castigo del demonio, que me mostraba a mi hermana y yo no la pocía catar.

– «¿que quieres?»
– «¿Puedes pintarme las uñas de los pies?, es que no me he dado cuenta de hacerlas primero y tengo las manos recien pintadas…»

Ella sabía que yo no tenía ni idea de pintar las uñas, pero sin duda lo que quería era ponerme cachondo.

– «¿Yo?, pero si no sé».
– «venga que es muy facil, yo te digo como hacerlo..»

Que guapa estaba con su pelo mojado y con sus piernas flexionadas. Yo estaba en bañador y mi pene ya empezaba a subir por momentos. A duras penas, con las indicaciones de ella comencé a pintarle las uñas de sus lindos pies. De vez en cuando me corregía:

– «Asi no, tonto, asi».

Yo alzaba mi mirada por sus larguísimas piernas y a su preciosa cara recien duchadita. En un aparente descuido ella entreabrió un poco sus piernas y la abertura del albornoz me permitió ver buena parte de sus muslos y… ¡ que grata sorpresa ! a tan solo unos centímetros podía ver su coñito, sus ingles depiladas, sus pelitos bien recortados formando una hilera alrededor de su sonrosada rajita. ¡Que maravilla! No podía disimular una tremenda erección en mi bañador. Era la primera vez que veía un coño y tan cerquita, que hermoso me pareció. Ella se dió cuenta y sin separar las piernas me preguntó:

– «¿Te gusta lo que ves?».

Yo me corté un poco y seguí disimulando pintando sus uñas como si no hubiera oido su comentario. Soltó una pequeña carcajada y abriendo algo más sus piernas me dijo:

– «Venga, puedes mirarlo, seguro que es el primer coñito que ves ¿no?»

Sin duda disfrutaba haciéndome sufrir, pero a mi no me importaba, pues el poder observar su magnífico cuerpo era lo más alucinante que me podía suceder, me podían pinchar que yo no sangraba…

Yo la miré muy sonrojado y dije

– «Si, la verdad es que nunca había visto uno».
– «¿Y… ?, ¿que te parece?»
– «Precioso»

Ella parecía divertirse mucho con mi timidez y mi excitación. De vez en cuando mis ojos no podían evitar mirar de nuevo su sexo y a ella parecía encantarle, pues seguía en su postura con las piernas ligeramente abiertas. Que situación, que visión tan magnífica. Cuando hube terminado con mi tarea de pintarle las uñas, me agarró por el cuello y me dio un leve , aunque muy tierno, besito en los labios.

– «Gracias hermanito»

Me fui al baño a pajearme de nuevo. Después comprendí que su petición para pintarle las uñas, no era más que una estratagema para provocarme y ponerme cachondo. Al pasar de nuevo por su cuarto, ya estaba vestida y me preguntó con su maléfica sonrisa:

– «¿Ya te has desahogado?»

Yo no dije nada, aunque le devolví la sonrisa.

Varios días más tarde, tras varias sesiones de lucimiento por su parte y con gran arte por cierto, pues Noelia sabía moverse con una sensualidad terrible, con miradas que a mi me parecían lascivas y con una forma de vestir tremendamente sexy, me invitó a ir a la playa con ella, pues sus amigas no podían ir. La acompañé encantado. Al llegar a la playa con mucho erotismo se quitó su short vaquero y su camiseta y debajo llevaba el pequeñísimo bikini azul que la hacía aún más guapa.

Al bajarme los pantalones ella pudo notar como mi pene marcaba una montaña bajo el bañador. La muy cabrona sabía que me tenía torturado y me dijo con sorna:

– «Como te pone este bikini, ¿eh?»

Al rato me pidió que le untara el bronceador y lo hice encantado, se soltó el cordón del bañador, se tumbó boca abajo en la toalla y con su mano se recogió el pelo para que su desnuda espalda quedara libre y yo pudiera extenderle la crema. Su espalda es fina, muy suave y morenita, me encantaba tocarle la espalda y llegar hasta rozar el comienzo de sus senos, pero tampoco me atreví a más, luego le dí más crema por la parte posterior de sus muslos y viendo como su pequeña braguita me mostraba un delicioso culo. De buena gana le hubiera pegado un bocado.

Creyendo que había acabado, me dijo que continuara por delante. Se tumbó boca arriba y ¡zas! se retiró el sostén. Sus dos hermosas y morenitas tetas aparecieron por primera vez a pocos centímetros de mi, redondas, preciosas y remarcadas por dos rosáceos pezones que estaban erectos.

Me quede atontado y empalmado mirándola.

– «Venga, ¿a que esperas?, ¿nunca has visto unas tetas?».

Lo cierto es que si las había visto a otras mujeres en la playa y siempre me gustaba observarlas, pero nunca se las había visto a ella y menos desde tan cerquita. Comencé a esparcir la crema por su cintura, por sus hombros y sus brazos, pero no me atrevía a pasar mis manos por sus pechos. Ella cogió una de mis manos y la posó en su teta derecha diciendo:

– «Venga, tonto, dame la crema en las tetas que si no se me queman, no te vas a cortar por eso ¿no?, somos hermanos…» .

Mi venga hacía esfuerzos por salirse del bañador. Lentamente empecé a darle el bronceador por su teta derecha y luego la otra, y poco a poco fui perdiendo la timidez y disfrutando de aquellas esponjosas y suaves tetas, que tenían un tacto suave, muy suave, despues terminé con sus muslos y ella abrió un poco las piernas, permitiéndome esparcir mejor la crema por todas partes, de vez en cuando mis dedos rozaban la costura de la braguita de su bikini ¡que gozada!. Luego fue ella la que quiso darme la crema y primero me coloqué boca abajo y sus suaves manos comenzaron a acariciar mi espalda, lo hacía muy suavemente con mucha ternura, despues mis muslos y dandome la vuelta mis hombros, mis brazos y mi pecho, cosa que hizo tener mi pene erecto durante toda la operación. Aunque ella se daba cuenta perfectamente de mi apurada situación, no hizo ningún comentario como si fuera la cosa más natural del mundo.

Despues de un buen rato tomándo el sol, decidimos darnos un baño en el mar. Jugamos en el agua, como hacíamos siempre, salpicándonos y empujandonos bajo el agua, y haciendo nuestras peleas como dos críos, aunque ya no lo eramos.

De pronto ella buceó y desapareció. Cuando quise darme cuenta estaba bajo el agua entre mis piernas y de una golpe me bajó el bañador hasta los tobillos y se alejó nadando con la prenda en sus manos, me había dejado en pelotas bajo el agua. Sentí algo de verguenza y quise vengarme, entonces nadé rapidamente donde ella estaba e intenté bajarle sus braguitas pero se resistió mucho protestando, hasta que lo logré dejándola desnudita, llevandome sus braguitas. Así estuvimos jugando un rato. Solo podía ver su cuerpo desnudo difuminado bajo el agua, pero para mi era suficiente y el solo hecho de estar yo desnudo y ella también, era más que alucinante.

Luego nos devolvimos las prendas, nos las pusimos bajo el agua y volvimos a la arena a seguir tomando el sol. Ella se quedó adormilada y yo no la quité la vista de encima en ningún momento recorriendo todo su magnífico cuerpazo.

El domingo por la mañana mis padres se fueron de vacaciones y nos dejaron en casa solos, pues yo tenía que estudiar para recuperar en septiembre las asignaturas que me quedaron y Noelia tambien se quedó pues tenía que trabajar, pues ella era entonces dependienta en una tienda de ropa. Antes de partir con el coche, mi padre nos dijo su acustumbrada frase:

– «Que seais buenos»

Esa misma mañana cuando yo estaba afeitándome en el baño, pues ya empezaba a tener barba de hombre, entró mi hermana y dijo que tenía prisa y que se iba a duchar, despreocupándose de que yo estuviera alli, se colocó de espaldas a mi, se quitó una blusa que llevaba, se soltó el sujetador, dejándolo caer al suelo y luego su falda y sus braguitas, quedándose en pelotas de espaldas a mi, mostrándome su desnudo cuerpo. Otra vez mi polla se izó como un resorte. Con toda naturalidad abrió los grifos de la ducha y agachándose probó la temperatura del agua. En esa posición podía ver como su chochito sobresalía entre sus muslos y me mostraba de nuevo su rajita. Se coló en la ducha, mientras yo terminaba de afeitarme, con una erección mayúscula.

Esa tarde y esa noche mi hermana me provocaba con sus vestiditos, o paseándose en ropa interior, o haciendo esas posturas tan sensuales. Después de cenar uno frente al otro, ella empezó a comer un plátano, y yo no podía más, sus labios bordeaban la punta de la fruta, luego con mucha sensualidad lo chupaba con su lengua, para luego darle pequeños mordisquitos mientras me miraba fijamente a los ojos. Me estaba matando, todas sus insinuaciones y sus provocaciones eran demasiado para mi y en un arranque animal pensé violarla allí mismo, aunque no sabía si ella era consciente de ello, tuve que contenerme.

Los dos días siguientes fueron mortales para mi. Mi padre nos había encargado que pintaramos las paredes del garaje, pues estaban llenas de manchas de humedad. El caso es que entre los dos nos dispusimos a pintar. Preparé los botes y las brochas y cuando llegó Noelia al garaje, yo me empalmé de nuevo al verla. Como hacía mucho calor Noelia se puso una camiseta vieja muy ajustada y cortita que descubría su cintura y su ombligo, la camiseta se ceñía tanto a sus curvas que se veía que no llevaba sostén, dibujando sus tetas bajo la tela y resaltando sus pezones como dos botones, llevaba también unos pantalones de lycra azules, muy cortos y ajustadísimos que llegaban a enseñar el comienzo de sus posaderas, además se marcaban perfectamente dibujadas sus braguitas bajo el pantalón. Yo me dediqué a lo duro, dándole al rodillo y ella utilizaba un pincel haciendo las esquinas y los rincones donde yo no llegaba. Yo tenía el bote muy cerca de mí y ella iba y venía a por pintura meneándose delante mío y poniendome como una moto. Creo que alguna vez pudo notar mi erección bajo el pantalón. Mi hermana no parecía tener bastante con pasearse delante mío y comenzó a rozarme una y otra vez con su cuerpo. Primero me pasó las tetas por la espalda con la disculpa de coger un trapo o pintar algún recoveco, cada vez que notaba sus tetas en mi espalda mi polla daba un respingo. Luego por un lado rozaba sus caderas con las mías y alguna vez su mano acariciaba mi trasero como si fuera accidentalmente. Ya no podía más y fue mucho más duro cuando yo estaba pintando una pared y la muy zorra se colocó delante mío pues tenía el bote de pintura a mis pies, se agachó mostrándome su culo y echándose hacia atrás se sobó bien sobado su trasero contra mi verga. Yo cerré los ojos para sentirla más intensamente, que gozada poder tener el culo de mi hermana pegado a mi erguida polla. Notando mi empalmada, ella se dió la vuelta con carita dulce:

– «¿que tienes ahí tan duro hermanito?»

A continuación se rió con ganas. Le encantaba hacerme sufrir.

Esa noche casi no pude dormir y quise que toda mi tortura tuviese algún premio, aunque como he dicho el solo hecho de observarla ya era demasiado.

CAPITULO II

A la mañana siguiente, el día amaneció muy caluroso y de nuevo Noelia me sorprendió acercándose a mi cuarto vestida tan solo con un camisón de seda brillante de color gris muy corto de tirantes. Yo todavía estaba tumbado en la cama, desnudo bajo las sábanas, pues el calor era sofocante.

– «Buenos días Raúl»
– «Hola»

Su espléndida figura se ensalzaba con ese mini camisón que formaba arrugas con sus movimientos y pensar que debajo estaba desnudita, me electrizaba. Con su habitual sonrisa me dijo:

– «Bueno, levántate ya, que quiero lavar las sábanas»
– «Si, ahora voy»
– «No venga, date prisa y levántate ya que quiero poner una lavadora pronto»
– «Vale, pero sal un momento, es que estoy sin ropa»
– «Vaya, ¿te va a dar vergüenza que te vea tu hermana desnudo?»
– «Bueno yo…»

Yo notaba que mi hermana se había levantado más excitada de lo normal, quizá por el calor o por el hecho de que estuvieramos solos en casa o vete tu a saber, pero quería verme en bolas, estaba claro.

– «Venga Raul»
– «Pero es que…»
– «¿que pasa?, ¿que la tienes como un garrote?»

Rió a carcajadas otra vez por mi situación, ya que era cierto lo que decía, pues tenía una empalmada brutal. Luego me dijo:

– «Somos hermanos, no creo que nos vayamos a asustar por vernos desnudos… Total ya nos hemos visto otras veces»
– «Si, pero …»
– «¿Cual es el problema?, ¿te quedas más tranquilo si me desnudo yo también?»

Esa frase hizo que todo mi cuerpo se estremeciera y los pelos se me pusieron de punta, igual que mi pene. Pregunté incrédulo:

– «¿Como?»
– «Si tonto, ¿que si quieres verme desnuda a mi?»
– «Si, claro que me gustaría»
– «Si es una tontería hombre, es la cosa más natural del mundo, al fin y al cabo somos hermanos. ¿Pues no te he bañado yo miles de veces cuando eras más pequeño?»
– «Ya, pero ya no somos crios…»

De nuevo sus risas.

– «Te excitaría mucho verme en pelotas ¿verdad?»

Como lo sabía la muy putilla. Yo no podía más, estaba totalmente empalmado y muy muy excitado.

– «Si que me gustaría verte desnuda…»
– «Pues no hay problema hombre…»

Se puso en pie, se quitó un tirante del camisón, luego el otro y la vaporosa tela cayó rapidamente a sus pies. ¡Que maravilla! ¡Que preciosidad!. Creo que me quedé con la boca abierta observándola, me quedé embobado, atontado, alelado, agilipollado. Que cuerpo más perfecto tenía: su preciosa cara, sus redondas tetas con sus rosados pezones, su cintura plana y estrechita, sus anchas caderas, sus muslos, sus piernas, su hermoso pubis recortado. Mi hermana tenía cuerpo de diosa, o al menos a mi me lo parecía. Ella insistió:

– «Bueno, ¿que?, ¿que tal?»

Creo que yo me quedé inmovilizado porque mi cuerpo no respondía.

– «Estas buenísima Noelia ¿sabes?»
– «Gracias hermanito, pero ahora te toca a ti»

Intenté salir de la cama con naturalidad, pero en el fondo estaba algo cortado. Cuando lo hice, evidentemente mi polla estaba como una piedra. Me senté en la cama y ella sonrió observándo mi miembro.

– «Con 16 años, vaya aparato que tienes»
– «¿Te gusta?»
– «Si, esta muy bien, es más grande que algunos de los que he visto»
– ¿Has visto muchos?»

Ella se rió.

– «Bueno no demasiados, pero si he visto alguno, desde luego el tuyo supera la media»
– «Con ese cuerpo que tienes hermanita, habrás destrozado a más de uno»

Volvió a reirse, con esa linda sonrisa que la hacía aun más hermosa y más deseable. No quitaba la vista de mi polla. Luego se sentó a mi lado y me dijo:

– «¿Te excita verme así?
– «Si, mucho, ¿no se nota?»
– «Ja,ja, ja… Luego te masturbarás otra vez ¿no? »
– «Claro Noelia, me tienes loco»
– «Lo cierto es que me gusta que te pongas cachondo por mi culpa… Se me ocurre una idea, como papá y mamá no están y como hace tanto calor podemos ir desnudos por casa, así no te perderas detalle y te lo pasarás en grande viéndome desnuda y yo a tí, porque también me gusta verte desnudo ¿que te parece?»

Era increíble, mi hermanita, ese sueño que tenía en la cabeza desde hacía tiempo, se me iba a mostrar enterita en bolas, solo para mi. ¡Alucinante!. Contesté entusiasmado:

– «Me parece genial»

Así lo hicimos, aunque al principio yo estaba algo nervioso, luego fue mucho más divertido, pues de vez en cuando tenía cerca a mi hermanita sin ropa y eso provocaba una y otra erección en mi polla. A ella eso le gustaba y le excitaba , a mi no digamos.

Mientras desayunábamos, ella se levantaba continuamente y se paseaba delante mío con su expléndido cuerpo desnudo provocándome, agachándose cuando metía la ropa en la lavadora, acercándose a mi, preparando la comida y ella disfrutaba tambien observándome y mirando mis continuas empalmadas. Alguna vez pasaba muy cerca de mi y nuestros cuerpos se rozaban, cada roce era como un chispazo. Era algo extraño y divertido a la vez, pues nunca lo habíamos hecho, pero a los dos nos gustaba.

Despues de comer (tambien desnuditos), nos sentamos a tomar unos bombones helados en el sofá mientras veíamos la tele. Ella sacaba y metía su helado de la boca, succionándolo con la boca y con la lengua mientras sus ojos me miraban lascivos. Me provocaba con esos gestos, con esas miradas y además tenerla desnuda a unos centímetros de mí, era lo mejor que me podía pasar en la vida. Mi polla volvía a ponerse a tope. Ella se quedó mirando mi tieso aparato:

– «Vaya erección tienes Raúl ¿todavía no te has masturbado hoy?»
– «No aún no»
– «Pues no deberías quedarte con esa calentura»

Me decía eso con esa boquita brillante por el helado y con sus labios carnosos en forma de corazón que yo deseaba tener rodeando mi polla. Yo miraba su desnudez boquiabierto. Ella me guiñó un ojo.

– «¿te parezco sexy?»
– «¿sexy?, creo que tienes un cuerpo perfecto»
– «¿te parezco más atractiva que otras chicas?»
– «Claro, eres la mujer de mis sueños»
– «Pero soy tu hermana.»
– «Pero…es que tu me provocas Noelia»

De nuevo su risa.

– «¿De veras?, dime ¿como te provoco?»
– «Si, me vuelves loco, con tu cuerpo, con tus andares, con tus posturas, con tus insinuaciones, al final tengo que ir al baño y me pajeo como loco, como nunca lo había hecho, te imagino como te desnudas ante mi y como me acaricias y como te meto la polla en tu coñito…»

A Noelia se le dilataban las pupilas y las mejillas se le sonrosaban, algo que denotaba su excitación. Su cara resplandecía y su excitación iba en aumento. De nuevo me sorprendió.

– «¿Te gustaría masturbarte viéndome así, desnudita?»
– «No, es que me da vergüenza»
– «¿Por que?, no seas tonto, ¿no te haces miles de pajas imaginándome?, pues aprovecha y hazlo viéndome, a mi no me importa, además me gustaría verte como lo haces»

Claro que me apetecía, pero sentía cierto reparo de hacerlo delante de ella, nunca me había pajeado delante de nadie.

– «Me da corte…»
– «Venga, me gustaría verte y me excita saber que lo haces por mi»

De nuevo su frase me sorprendió y me excitó mucho. Contesté ruborizado.

– «No me atrevo»
– «Venga, ¿quieres que yo te provoque? ¿pongo alguna pose sexy? ¿quieres que me masturbe yo también?»

Sin dejarme responder mi hermana se tumbó boca arriba en el sofa y comenzó a pasar la lengua por sus labios en una pose muy erótica, con una mano se acariciaba las tetas y se pellizcaba los pezones con la otra iba bajando por su cintura hasta llegar a su coño, abrió sus piernas y empezó a estimularse con dos dedos el clítoris y los labios vaginales. ¡Vaya panorama!

Dudé en principio, pero con aquella escena, mi mano obedeció a mi hermana y comencé a masturbarme suavemente, con lentitud, disfrutando de lo que tenía delante, observando su hermoso cuerpo y viéndola como se masturbaba ella. Noelia arqueaba su espalda para mostrarme con mucha sensualidad todo su cuerpo, abriendo ligeramente las piernas, para que yo pudiera ver bien su conejito. Me percaté que su rajita estaba brillante debido a lo cachonda que estaba.

– «que polla más linda tienes Raúl, como me gusta verte masturbarte»
– «A mi también me gusta verte como te acaricias»

Ella cerraba los ojos, soltando gemidos y jadeos. Su cuerpo brillaba por el sudor. Mi polla estaba a punto de reventar. Noelia empezó a respirar más profundamente, sus labios parecían hincharse y sus pezones estaban erectos. De repente su respiración se hizo entrecortada, jadeó con más fuerza lo que me hizo entender que estaba teniendo un orgasmo, lo cual me llevó a correrme a mi, soltando varios chorros de semen que cayeron por la alfombra y el sofá.

Noelia se quedó tumbada un rato recuperándose y yo tambien. Ella me sonrió:

– «Ha sido bonito ¿verdad?»
– «Ya lo creo»
– «¿Mejor que imaginarme?»
– «Desde luego. ¿Y tu? Lo has pasado en grande ¿no?»
– «Si, he tenido un orgasmo genial»

Ella tuvo que marcharse, pues había quedado con unas amigas, se duchó, se vistió y me dió un besito en los labios.

-«Tenemos que repetirlo hermanito»

La estuve esperando toda la tarde, pero llegó a casa muy tarde, a eso de las 11 de la noche. Yo estaba desnudo, sentado en el sofá. Al verme me preguntó:

– «¿Me estabas esperando?»
– «Si Noelia, tengo ganas de verte desnuda otra vez»
– «Ven, me voy a dar un baño, estoy empapada de sudor»

La acompañé hasta el baño y preparó el agua. Llevaba una minifalda de cuadros y una blusa blanca anudada a la cintura, su ombligo parecía llamarme para que me lo comiera. Mientras se soltaba la trenza que llevaba el pelo me pregunto:

– ¿Te has masturbado ya ?
– «No, quiero hacerlo viéndote»
– «Ja, ja, ja, te gusta más así ¿eh?»
– «Si, mucho»
– «¿quieres desnudarme tu?»

Bueno, ya estaba otra vez, me iba a matar con tanto placer, ¿como podía negarme a algo así?

– «Si, claro»

Primero le quité el nudo de la blusa y uno a uno le fuí quitando los botones de la blusa, dejé caer al suelo la prenda y llevaba un sostén color azul. Se dió la vuelta se sostuvo la melena y con alguna dificultad le desabroché los corchetes del sujetador. Volvió a ponerse frente a mi y me sonreía. A todo esto mi nabo estaba apuntando al cielo y a ella le encantaba verme así. Le bajé un tirante, luego el otro y el pequeño sostén cayó al suelo también. Sus erectos pezones me miraban. Le solté la cremallera de la falda que estaba en un costado y se deslizó hasta el suelo. Sus braguitas azules eran muy pequeñitas y algo transparentes, podía verse el vello de su pubis a través de ellas. Me quedé un rato parado.

– «Venga hijo, ¿a que esperas?»

Obedecí como un niño bueno y mientras me agachaba iba banjando las braguitas por los muslos. La despeloté pasando unos momentos más que excitantes. Quien me lo hubiera dicho unos días antes, ni yo mismo me lo hubiera creido. Me agarró de la mano con la suya, una suave y pequeña mano que terminaba en unos preciosos dedos y unas afiladas y bonitas uñas, me encantaban sus manos.

– «Ven, vamos a ducharnos juntos»

Pasamos juntos a la bañera cogidos de la mano. Agarró la ducha de mano y comenzó a mojarse con el agua templada, su cuerpo brillaba y el agua se deslizaba por su piel formando unos rios de los que yo deseaba beber. Después me mojó a mi con la ducha quedándonos empapaditos. Mi polla seguía firme y dura sin importarle el agua que le caía encima. Tomó un poco de gel en una de sus manos, hizo que me girara de espaldas a ella y comenzó a enjabonarme el pelo, dándome pequeños masajes, después hizo lo mismo con mi espalda. Sus caricias eran suaves, tiernas, sensuales, sus finas manos eras captadas por todos los poros de mi piel. Bajó sus manos por mi cintura y enjabonó mi culo para luego meter su mano por la raja, hasta llegar a mi ano. Pegué un bote, pues era una especie de cosquilleo y de gusto a la vez. En alguna de sus lentas y concienzudas pasadas por mi culo aplicandome el jabon, sus tetas rozaban mi espalda, pudiendo notar como se me clavaban sus duros pezones. Me enjabonó los muslos, me dio la vuelta, yo estaba como un títere, me dejaba hacer lo que ella quisiera.

– «Cuanto hacía que no te bañaba Raúl»
– «Si, hace mucho tiempo, pero me gusta más así, los dos juntitos en la bañera»

Rió otra vez. Se lleno las manos nuevamente de gel y me hizo una nueva aplicación por los hombros, el pecho, el ombligo, los brazos… Se agachó para lavarme los muslos y las piernas y subió con su mano hasta mis huevos, los sobó con dulzura. Mi polla rebotaba y yo notaba un gusto enorme en todo mi cuerpo. Me agarró la polla con su mano, cuando lo hice me tuve que agarrar a los grifos pues aquello hizo tambalearme, me echó la piel hacia atrás y con la otra mano me enjabono suavemente el glande. Se recreó con mi polla que tenía una dureza mayor de la habítual, yo creía que iba a estallar como un petardo. Vaya masaje me hizo la muy cabrona. Dio una palmada en mi culete y dijo:

– «Te toca, chato»

No lo dudé ni un segundo, tomando algo de gel en mi mano, comencé a acariciar su cuerpo, primero su espalda suave y brillante, le enjaboné el pelo metiendo mis dedos en sus suaves cabellos, acaricié su cintura, sus brazos, su culo… hice lo mismo que ella, metí mi mano entre sus glúteos y llegué hasta su ano, ella soltó un gemido. Se dió la vuelta y se la veía impaciente para que le diera unos masajes por delante, lo hice encantado. Enjaboné sus hombros, sus brazos, su cinturita, le dediqué un buen masaje a sus tetas y a sus pezones, cosa que le agradó mucho, pues cerraba los ojos y apoyaba su mano en mi hombro. Baje por sus muslos, primero por la parte externa y luego desde los tobillos fui subiendo lentamente, muy lentamente, acariciando la parte interna de sus muslos rozando sus ingles, mi mano acarició su vello púbico y luego metí un dedo en su rajita siguiendo toda su longitud. Mi hermana seguía con los ojos cerrados, comenzó a jadear y a respirar muy fuerte. Quité mi mano de su coñito, pero ella me agarró la mano y me dijo:

– «No me dejes así, sigue Raúl, por favor»

Se la veía cachondísima y seguí acariando su pubis, sus ingles para rozar con la yema de mis dedos su húmeda rajita arriba y abajo, encontré lo que me pareció el clítoris, algo desconocido para mi, fue entonces cuando sus jadeos se convirtieron en gemidos y algún pequeño gritito, que me encantaba. Estaba dandole placer a esa mujer, que era mi hermana, pero que era una fantástica mujer con un fantástico cuerpo. Llegó al orgasmo y continuó con los ojos cerrados sintiendo en lo más hondo de su cuerpo todo el placer. Luego abrió los ojos y en un susurro me dijo:

– «Que gusto me has dado hermanito»

Todavía estabamos llenos de jabón, pero no nos importaba ya que estabamos disfrutando como nunca, al menos yo. No pude evitar empezar a pajearme teniendo a Noelia tan cerca, tan hermosa, tan sensual, tan cachonda, pero ella separó mi mano de mi polla y la agarró con su mano.

– «Déjame a mi, quiero hacértelo yo»

Me masturbaba lentamente, con mucho cariño, con mucha suavidad, haciendo que mi glande apareciera grande y brillante cada vez que la piel de mi verga bajaba. Que bonito ver su mano agarrándome la polla. Ella apoyó su espalda en la pared, subió una pierna hasta ponerla en el borde de la bañera.

– «Acercate más a mi Raúl e imagina que me estas follando ¿vale?
– «Siii»

Yo casi no podía hablar. Me acerqué a ella hasta casi quedarnos pegados y siguió pajeándome a mayor velocidad. Puso la punta de mi polla a pocos milímetros de su chochito, mi glande rozaba los enjabonados pelitos de su entrepierna y alguna vez rozaba su rajita. Sus tetas acariaban mi pecho y yo creía morirme de placer:

-» ¡que gusto Noelia, que gusto…!»

Sus labios se comieron literalmente los mios en un beso ardiente. Su lengua buscó la mía dentro de mi boca. Siguió masturbándome. Yo cerré los ojos y no pude aguantar más.

– «Me corro , me corro…»

Apenas dije eso, cuando de mi polla salieron varios chorros de semen que chocaron contra su coñito, sus muslos, su tripita, llegando alguna gota hasta sus pechos. Seguimos besándonos y mordiendonos los labios. Yo me sentía sencillamente en el cielo. La mejor paja que nunca me hubiera podido hacer yo. Fue maravilloso.

Volvimos a besarnos abrazados, pegando nuestros cuerpos, jugando con nuestras lenguas y acariciando nuestros desnudos cuerpos.

– «Noelia, ¿puedo dormir contigo esta noche?»
– «Claro que si tonto».

Asi fue, despues de habernos secado mutuamente, nos acostamos en la cama de mis padres abrazados, yo pegue mi pecho contra su espalda y enseguida me quedé dormido.

Cuando me desperté por la mañana, debían ser las 7 más o menos, Noelia continuaba dormida frente a mi. Levanté las sábanas para observarla mejor. Que guapa y que buena estaba la condenada. Acaricie sus tetas, su pelo, después su coñito, cuando se despertó. Se estiró adormilada.

– «Hola hermanito, ¿que tal has dormido?»
– «Como nunca»
– «Anoche lo pasamos bien ¿eh?»
– «Creo que nunca voy a olvidar ese momento»
– «Ja, ja , ja … Yo todavía estoy cachonda, me diste un gusto enorme, ¿sabes?»

Mi polla volvió a ponerse como un palo al oirle decir aquello. Me quedé observando su desnudez, con todo detalle, fijándome en sus ojos, su pelo, su carita de adormilada, sus tetas, sus piernas, todo, todo, todo.

– «Tu no eres consciente de lo buena que estas, ¿sabes? , vuelves locos a los tios y a mi más que a ninguno, estas que triscas hermana»

Mis palabras tambien la excitaban y se tumbó boca arriba en la cama magreándose todo su cuerpo ofreciéndome un panorama que cualquier hombre hubiera deseado, tener a una preciosidad tumbada junto a ti sobándose por todos lados. Despues se incorporó, observó como yo me masturbaba viéndola, acerco su cara a la mía y me besó en los labios. Sacó la lengua y dibujo el contorno de mis labios con ella, despues estabamos besandonos, mordiéndonos…. Se separó de mi y me sonrió. Su sonrisa, estando desnuda, se me hacía aun más resplandeciente. Señalando mi polla me preguntó:

– «¿quieres que te lo haga yo?»

Estaba claro que mi hermana estaba muy caliente

– «¿Te gustaría chuparme las tetas?»
– «Si que me gustaría»
– «Pues venga, ¿a que esperas?»

Me tumbé boca arriba, ella se incorporó y abriendo las piernas se sentó sobre mis rodillas, su sexo estaba a pocos centímetros del mío, siguió pajeándome y sus tetas quedaron a la altura de mi boca. Se agarró al cabecero de la cama con una mano y me empotró sus tetas en la cara. Mis labios y mi lengua empezaron a lamer aquellas magníficas protuberancias mamarias que sabían deliciosas. Mis dientes rozaban sus pezones y me lengua jugueteó con uno de ellos, lo que produjo que mi hermana soltara un intenso gemido.

Ella seguía masturbándome, cada vez con mayor velocidad, mientras yo cerraba los ojos y sentía aquel profundo gusto en mi interior. Abrí un momento los ojos y ella no apartaba la mirada de mi glande que parecía gustarle y no se decidía pero parecía que deseaba comérselo. Mi sueño se estaba cumpliendo y no sabía como iba a acabar todo aquello, aunque camino llevaba de ser maravilloso. De pronto, casi sin poder controlarlo tuve un orgasmo y mi semen bañó de nuevo su desnudo cuerpo, ella se esparció toda la leche por el cuerpo como si fuera una pomada. Después volvió a besarme dulcemente en los labios.

– «Tengo que irme a trabajar Raúl, esta noche te haré otro regalito, ¿de acuerdo?»
– «Si Noelia, te esperaré impaciente»

Se duchó, se vistió y se fue a trabajar. Todo ese día estuve nervioso y excitado pensando en el «regalito» que me iba a dar mi hermana.

Llegó a casa sobre las 9 de la noche y yo estaba esperandola otra vez desnudo, tumbado en el sofá. Al entrar en el salón me preguntó:

– «¿he tardado mucho?»
– «Me ha parecido una eternidad»

Se colocó de pie frente a donde yo estaba tumbado y comenzó a quitarse cada una de las prendas que llevaba encima. Me senté para observarla mejor. Primero se despojó de uno de sus zapatos de tacón, luego el otro, luego se sacó la camiseta de tirantes sin nada de debajo y sus tetas rebotaron, después se quitó los botones de la bragueta de su ajustado pantalón de color naranja y a continuación sus braguitas blancas. Otra vez me quedé extasiado viendo a mi hermana desnuda frente a mi. Mecánicamente comencé a masturbarme con aquella magnífica visión.

Sin decir nada, me empujó sobre el sofá y me quedé tumbado boca arriba, ella cayó sobre mi cintura, apoyó sus manos en mi pecho, me sonrió y su culo comenzó a moverse ritmicamente alante y atrás sobre la punta de mi polla que yo creía que iba a estallar en cualquier momento, pude notar como su humeda rajita abarcaba mi pene y le masajeaba siguiendo toda su longitud, dándome un gusto tremendo, notando como sus jugos embadurnaban mi pene. Los dos soltabamos gemidos. Sus tetas oscilaban arriba y abajo al ritmo que llevaban sus caderas sobre mi cuerpo. Así estuvo un buen rato sobando su sexo contra el mío. De pronto frenó en seco, se me quedó mirando y me dijo:

– «Esto que estamos haciendo hermanito ¿estará bien?»
– «Está de puta madre, hermana»
– «Pero Raúl, somos hermanos»
– «No, somos un chico y una chica que quieren gozar a tope, yo estoy descubriendo contigo lo que es el placer, no puedo tener mejor profesora»

Creo que estuve ocurrente con aquella frase, porque a mi hermana se le olvidaron todos los prejuicios y todos sus temores.

Se deslizó hacia atras besándome el pecho, la cintura, se arrodilló entre mis piernas, besó mis muslos hasta colocar su cara frente a mi polla.

Cuando menos me lo esperaba, sus carnosos labios habían bordeado la punta de mi polla y estaba chupándome, besándome y mordiéndome todo el nabo y su mano acariciaba mis huevos. Empezó a bajar sus labios por toda la largura de mi pene y me hizo una mamada espectacular. Sus labios se apretaban contra mi erguido miembro y sus ojos me dedicaban una tierna mirada. Era la primera mamada que me hacían y no tardé en soltar unos chorros de semen que salpicaron en su boca, su cara, sus tetas y su pelo. Ella estaba disfrutando, se le notaba.

Agarrándome la polla y calada con mi semen por toda la cara me preguntó:

– «Así es mucho mejor ¿no?»

Yo no podía articular palabra, estaba como ido, mis piernas temblaban, mi polla daba espasmos y mi respiración era fatigosa.

Se puso en pie , me incorporé sentado y ella se colocó entre mis piernas y ofreciéndome su coñito me dijo:

-«¿te gustaría comértelo?»
– «Si Noelia, túmbate en la alfombra»

Se echó en el suelo boca arriba y yo puse mi cabeza entre sus piernas, empecé por besarle sus suaves muslos, luego la cintura, el pubis, las ingles, hasta que mi lengua descubrió su húmedo chochito. Aquel sabor tan rico, que aun recuerdo, era algo que no me imaginaba, me sabía delicioso y ella me agarraba del pelo con fuerza sintiendo un placer intenso, soltando pequeños alaridos y gemidos. No tardó en tener un orgasmo cuando mi lengua saboreó su clítoris. Por un momento me asusté pues dejó de respirar, parecía haberse desmayado, pero no era así, solo durante unos segundos contuvo la respiración y a continuación soltó un gemido muy largo:

– «Aaaaaauuuuuuuuhhhhh, que gusto, que gusto, mmmmm, que bien Raúl…»

Para entonces mi polla empezaba a recuperarse de nuevo y ella se percató y me dijo algo que nunca me hubiera esperado:

– «¿Quieres follarme Raúl?»
– «Siiiii»

Mi respuesta fue casi inmediata.

– «Pues vas a ver como por fin la vas a tener dentro de mi, eso que siempre has imaginado, quiero hacerte disfrutar ese momento, quiero que me folles como loco, quiero que me partas en dos»

Entonces ella se incorporó y volvió a meterse mi pene en la boca haciéndo que se pusiera como una piedra. La vista de mi polla desapareciendo en su preciosa boca me encantaba.

Otra vez me colocó tumbado sobre el sofá, abrió las piernas, acercó su sexo al mío y agarrándome la polla la pasó arriba y abajo por su rajita cuando de pronto se sentó sobre mi introduciéndose mi miembro lentamente en su interior. Por un momento mi vista se nublo, pude ver el cielo, las estrellas y el más allá. Nunca había sentido un placer tan grande e intenso. Toda mi polla entró en el coño de mi hermana. Los musculos de su vagina se aferraban a mi falo y en un mete y saca frenético, comenzó a follarme como una loba, mientras gritaba y gemía con fuerza. Se puede decir que practicamente mi hermana me violó (aunque yo me dejé ,claro). Un nuevo orgasmo la invadió y repitió mi nombre.

– «Raúl, Raúl, Raúl…. ayyyyy, Raúl»

Ella seguía subiendo y bajando por mi polla y sus tetas bailaban al compas de sus movimientos. Despues se levantó se colocó en cuclillas dandome la espalda y empezó a botar de nuevo sobre mi pene mientras yo la agarraba por la cintura y las caderas. Cerró los ojos y daba gemidos que a mi me estasiaban. Mi polla se hinchó dentro de su cuevita y me corrí intensamente en su interior. No podía imaginar que un polvo fuera tan maravilloso. Creo que desde entonces amo el sexo y a mi hermana, por supuesto, pues me dió algo que yo no conocía, con una maestría y una ternura increíbles.

Permanecimos unidos unos momentos recuperándonos de tanto frenesí.

– «Lo has hecho muy bien hermanito, nunca me habían dado tanto gusto, follas de maravilla»

Me sentí muy contento de oirla decir eso. Luego estuvimos charlando sobre lo ocurrido y nos reímos pensando en la cara de nuestros padres si nos hubieran pillado.

Durante los 15 días que duraron las vacaciones de mis padres, mi hermana Noelia y yo seguimos con nuestros eróticos juegos, durmiendo juntos, follando a diario y yo aprendí nuevas posturas, nuevos placeres y nuevas experiencias que mi hermana me regaló y me enseñó y que recuerdo hoy como si el tiempo no hubiera pasado.

Ahora Noelia, que sigue estando tan buena como antes, está casada con un arquitecto y se puede decir que vive muy bien. Yo voy a visitarla a su casa a menudo. Cuando no está mi cuñado, volvemos a revivir los días pasados como lo hacíamos entonces, nunca he sentido con ninguna mujer tanto placer como el que viví y sigo viviendo con mi hermana.

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